Empire State Building
El edificio mas alto del mundo, levantado en 410 dias
Ing. Angel Navarro-Mora M.Sc., ANM Ingeniería — 2026-06-18
Imágenes generadas con LitoClaw, el sistema inteligente creado por ANM Ingeniería.
Introducción
En la esquina de la Quinta Avenida con la calle 34 de Manhattan se levanta una silueta que el mundo entero reconoce sin necesidad de nombrarla. El Empire State Building se terminó el 1 de mayo de 1931 y, con sus 102 pisos, fue el edificio más alto del planeta durante casi cuarenta años. Pero su verdadera proeza no es la altura: es la velocidad y la disciplina con que se construyó, y la claridad estructural que hizo posible ese ritmo.
Levantar una torre de esa esbeltez no es, en esencia, un problema de soportar peso. El acero resiste de sobra la gravedad. El problema es el viento: la carga lateral que crece con la altura y que, en una estructura delgada y alta, termina dictando las dimensiones. El Empire State es, antes que nada, la respuesta ordenada a esa pregunta.
El Empire State demostró que un rascacielos podía construirse como un producto industrial —fabricado en taller, entregado por ferrocarril y montado en obra a ritmo de línea de ensamblaje— sin sacrificar la solidez estructural. Casi un siglo después, sigue ocupado, sigue en pie y sigue resistiendo el viento que gobernó su diseño.
El encargo y su época
La torre nació de una competencia. A finales de los años veinte, Nueva York vivía una carrera por el cielo: el edificio del Chrysler y el 40 de Wall Street se disputaban el título de estructura más alta del mundo. El financista John J. Raskob, ejecutivo de General Motors, decidió entrar en esa disputa y puso al frente del proyecto al exgobernador de Nueva York Alfred E. Smith como rostro público.
El diseño se encargó al estudio Shreve, Lamb & Harmon, con William F. Lamb como proyectista principal, en el lenguaje Art Déco de volúmenes escalonados. La construcción quedó en manos de Starrett Brothers & Eken, y el cálculo estructural a cargo del ingeniero Homer G. Balcom. El terreno elegido no era cualquiera: allí había estado el viejo hotel Waldorf-Astoria, que debió demolerse para abrir paso a la torre.
El momento no podía ser más adverso. El proyecto se concibió antes del crac de 1929 y se ejecutó en plena Gran Depresión, cuando el dinero, los materiales y el trabajo escaseaban. Esa misma escasez explica, en parte, la obsesión por la eficiencia: cada día de obra costaba, y el diseño se pensó para eliminar desperdicio.
Un cronograma récord
La excavación hasta la roca comenzó el 22 de enero de 1930. El montaje del acero arrancó a mediados de marzo, el marco coronó los 102 pisos en septiembre, y el edificio se inauguró el 1 de mayo de 1931. La cifra que lo hizo legendario son los 410 días de construcción —contados desde el arranque de la obra en marzo de 1930—; desde la primera excavación hasta la apertura transcurrieron algo más de quince meses. En el pico de la obra trabajaron cerca de 3.400 personas, y el marco de acero creció a un ritmo cercano a cuatro pisos y medio por semana.
| Hito | Fecha |
|---|---|
| Inicio de excavación y cimentaciones | enero de 1930 |
| Comienzo del montaje del acero | marzo de 1930 |
| El marco corona los 102 pisos | septiembre de 1930 |
| Inauguración | 1 de mayo de 1931 |
Ese ritmo no fue suerte, sino método. El acero se laminaba, se cortaba y se perforaba en taller, viajaba por ferrocarril y llegaba a la obra a los pocos días de salir del molino, de modo que se montaba casi recién fabricado, sin acopios que estorbaran. Una planta tipo se repetía hacia arriba, así que las cuadrillas afinaron un único flujo de trabajo y lo ejecutaron más de ochenta veces. La obra funcionó, literalmente, como una línea de ensamblaje vertical.
Un marco de acero remachado se monta rápido y se repite con facilidad; es liviano para su resistencia y se conecta en obra con remaches. Un marco de hormigón habría exigido encofrados y curados lentos y cimentaciones más pesadas —incompatibles con un cronograma de 410 días.
El sistema estructural
Bajo el revestimiento de piedra y aluminio hay un marco aporticado de acero remachado de unas 57.000 toneladas. Su trabajo es doble: recoger las cargas de gravedad de cada piso y, sobre todo, resistir el empuje del viento, conduciendo ambas hasta la roca madre de Manhattan —el esquisto sobre el que se apoya buena parte de la isla y que permite cimentar torres de gran altura.
La trayectoria de las cargas es directa: del viento y la gravedad al marco aporticado, del marco a las columnas, de las columnas a las zapatas y de las zapatas a la roca. En una torre esbelta, la presión dinámica que ejerce el viento sobre las fachadas escala con el cuadrado de su velocidad —q = ½·ρ·V²—, de modo que las rachas, no el peso propio, son las que definen el dimensionamiento lateral.
El viento, la carga que manda
Cuanto más alta y delgada es una estructura, más importa el viento y menos importa la gravedad. El Empire State controla ese empuje con un marco arriostrado que rigidiza el conjunto, y con su propia forma: los retranqueos escalonados del Art Déco no son solo un gesto estético. Al estrechar la torre hacia arriba, reducen la superficie expuesta donde el viento es más intenso, alivianan la carga lateral en lo alto y, de paso, llevan luz a la calle. El mástil de amarre que la corona —pensado en su día para dirigibles— remató la silueta a 381 metros sobre la acera.
Antes y ahora
El Empire State fue el edificio más alto del mundo desde 1931 hasta comienzos de los años setenta, cuando lo superó el World Trade Center. Su arranque comercial, sin embargo, fue penoso: la Depresión dejó tantos pisos vacíos que la prensa lo apodó el Empty State Building, y no alcanzó plena ocupación hasta entrado el decenio de 1950. La cultura popular lo adoptó de inmediato —King Kong lo encaramó en 1933— y ya no lo soltó.
Hoy es Hito Histórico Nacional de los Estados Unidos, recibió una modernización energética profunda que lo llevó a la certificación LEED Gold, y su mirador recibe del orden de cuatro millones de visitantes al año. La torre que se levantó contra la Depresión y contra el viento sigue trabajando, casi un siglo después, exactamente como su proyectista la pensó.
Un monumento debería parecer nacido de la roca sobre la que se asienta: rápido de levantar, pero hecho para perdurar.
Referencias
[1] J. Tauranac, The Empire State Building: The Making of a Landmark. New York: Scribner, 1995.
[2] C. Willis, ed., Building the Empire State. New York: W. W. Norton / The Skyscraper Museum, 1998.
[3] N. Bascomb, Higher: A Historic Race to the Sky and the Making of a City. New York: Doubleday, 2003.
[4] National Park Service, «Empire State Building — National Historic Landmark Nomination», U.S. Department of the Interior, 1982.